¿ APRENDEREMOS ?
¿Y si los indicadores económicos no fueran suficientes para medir el
bienestar de una sociedad? Hace 35 años, en un aislado reino del
Himalaya, un carismático rey decidió que el modo de medir el progreso
no debe basarse estrictamente en el flujo de dinero: cada paso de una
sociedad debe valorarse en función no sólo de su rendimiento económico,
sino de si conduce o no a la felicidad de la gente.
Un debate al que se han apuntado premios Nobel como Joseph E. Stiglitz
o Amartya Sen y líderes occidentales como Nicolas Sarkozy o Gordon
Brown.
El 2 de junio de 1974, en su discurso de coronación, Jigme Singye
Wangchuck dijo: "La felicidad interior bruta es mucho más importante
que el producto interior bruto".
El concepto butanés de la felicidad interior bruta se sostiene sobre
cuatro pilares, que deben inspirar cada política del Gobierno. Los
pilares son: 1. Un desarrollo socioeconómico sostenible y equitativo.
2. La preservación y promoción de la cultura. 3. La conservación del
medio ambiente. 4. El buen gobierno para llevarlo a la práctica.
En el Mapamundi de la Felicidad, una investigación dirigida por el
profesor Adrian White en la Universidad de Leicester (Reino Unido) en
2006, Bután resultó ser el octavo más feliz de los 178 países
estudiados (por detrás de Dinamarca, Suiza, Austria, Islandia, Bahamas,
Finlandia y Suecia). Y era el único entre los 10 primeros con un PIB
per cápita muy bajo (5.312 dólares en 2008, seis veces menor que el
español).
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